A Eric, más que como a un bicho raro, le ven como a una sirena. Como a una sirena de mar, no de policía. O más bien, como un sireno, porque él es un chico.
Un chico joven, de Estados Unidos, atlético (con muy buen cuerpo, para qué nos vamos a engañar) y guapo, pero con una obsesión: las sirenas.
Y él se quiere convertir en una de ellas y para eso se ha confeccionado decenas de trajes (muy bien confeccionados, para qué lo vamos a negar), se los ha puesto y se ha lanzado al agua.
Y ojito... ¡cómo nada! ¡Cómo se desenvuelve en el agua!
Eric dice que cuando está en el fondo del agua se siente como en otro mundo y disfruta de esa sensación.
Como además vive cerca de un río, se pasa el día en remojo ante la mirada perpleja de los presentes.
Su novio ya está acostumbrado a esta afición de Eric, y le parece asombroso. Dice que se lo contó en la primera cita y le pareció muy sexy.
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